Tragedia en la terminal 4
Tragedia en la terminal 4 
La magnitud del suceso sobre la que trata este artículo es tal, que a nadie le gustaría tener que escribir nada sobre algo parecido, pero también posee el suficiente calibre como para sentir la necesidad de plasmarlo en unas líneas. No hace falta ser un lince para saber que me refiero al accidente aéreo de Barajas. Informar sobre los datos técnicos del accidente, en mi opinión, sería absurdo e innecesario, ya que todos los conocemos y soy de los que piensan que “si la noticia llega tarde ya no es noticia”. Este artículo se presenta más bien como una columna de opinión y desea resaltar principalmente las impresiones que me han causado de una manera más subjetiva de las que podrán encontrar en otros medios. El fatal accidente de la compañía Spanair tiñe de luto el verano de 2008, un verano que será recordado por varios motivos. Cronológicamente, primero fue el triunfo de la selección española en el europeo de futbol; segundo las olimpiadas de china con su doble oro en polución en el aire y opresión en derechos humanos y tercero, (y sin duda el más importante) el avión incendiado que tratamos en estos párrafos.
Como si de un plato de “El Bulli” se tratase el verano, podríamos asegurar que lo asentamos sobre una base de crisis económica de sabor amargo y sazonado con apariciones inoportunas (como siempre) de E.T.A. Mi abuela les llama “cariñosamente” los vascos de los petardos, pero como ni lo que tiran son precisamente petardos y tampoco merecen llamarse vascos, permítanme nombrarles lo menos posible. Como “bloguero” deportivo que me considero, o al menos eso pensaba hasta hace dos semanas, he disfrutado de las alegrías que nos han dado en varias modalidades los españoles, mención especial al futbol. Pero mientras el deporte (en España conocido como futbol mientras no haya olimpiadas ni juegue Nadal) te hace dar saltos, enfadarte contigo mismo o cambiar por unos minutos tu estado de ánimo, trágicos sucesos como el 11-M o el reciente accidente de avión; son los que te hacen pensar diferente o impactarte de una manera que una pelota jamás lo haría. Cabe destacar que a diferencia del caso anteriormente nombrado, el ocurrido en el aeropuerto ha sido un accidente y no un atentado. Así que nos ahorraremos el desagradable espectáculo de ver a grupos terroristas dándose golpecitos de pecho. Tampoco me siento cómodo explicando que el número de víctimas mortales fueron alrededor de 150 personas y la de heridos la de unos 26. Las cifras varían según el medio por el cual nos informemos y sobre todo, por el tiempo transcurrido siendo así más exactas.
Aunque realmente me siento incomodo hablando sobre este aspecto de la noticia debido a que, podemos tratar como datos y/o cifras unos aviones, unos pasteles, unos patos de goma…etc., pero nunca a una vida. La vida de una persona es mucho más que un simple número o una mancha de tinta; es una familia, un trabajo, unos amigos, unos proyectos… es lo más importante que tenemos. Lo ocurrido el 20 de agosto de 2008 en Barajas es especialmente delicado, pero aún lo es más visto desde la lente de los familiares de las víctimas. Sinceramente, no puedo ni imaginar lo que se siente cuando; transcurridas 7 horas del accidente se ignora cómo se encuentra la persona querida que viajaba en el avión, pero tan solo planteármelo me causa un nudo en el estomago. Y sin salir del aparato digestivo, también me gustaría hablar sobre los retortijones (que no nudos) que me causan ciertos medios de este país. Entiendo que sea una noticia de primer alcance, que haya que cortar programaciones y que haya que informar sobre cualquier última hora referente al accidente, lo que no llego a comprender es el atropello y la persecución que sufrieron muchos familiares en los alrededores de la terminal 4 como si de una belén esteban o de un dinio se trataran (no pienso escribir estos dos nombres en mayúsculas). En mi opinión, a estos “profesionales” les falto humanidad y les sobro periodismo. Por suerte, no se produjo ningún incidente entre periodistas y familiares de las víctimas y el hecho de preguntar un “¿Cómo se encuentra?” a una persona que no sabe si su familiar esta siquiera vivo quedo en una pregunta de poco tacto. Desgraciadamente, son hechos como estos los que nos hacen sentir afortunados y atribuir a la vida el verdadero valor que esta tiene, dejando a un lado las cosas triviales y, con toda seguridad, realizando una nueva escala de valores en nuestra mente. Es aquí donde aparecen los heridos o el “nacer de nuevo”, personas que por mero azar; estaban situados en otra parte del avión o simple y llanamente tuvieron suerte. Comparar la cicatriz que me cruza el cuello debido a un accidente laboral con el herido de menor grado del suceso de la terminal 4, sería una broma de muy mal gusto pero es un gran ejemplo de la baza que juega el azar en estos aspectos, y os aseguro que es enorme.
Lamentablemente con el accidente aéreo solo acaba de comenzar lo que será noticias de primera plana para los siguientes meses. Investigaciones, autopsias, cajas negras, búsqueda de responsables… y alrededor de todo esto, los familiares de las víctimas y estas últimas protagonizando una película que nunca quisieron presentar. Nadie puede devolver el daño que se le hizo a las personas que iban viajando en el avión de Spanair pero al menos yo tengo la esperanza, de que salgan a la luz los verdaderos responsables de este imborrable accidente en la aviación española, para que de este modo, las victimas que no podrán acudir a los juzgados se les permita descansar en paz. Con este artículo he querido acompañar en el más sincero pésame a los allegados de las víctimas de este terrible suceso. Muchas gracias a todas las personas que hicieron lo posible por evacuar a las víctimas de la terminal 4 (bomberos, policía, etc.) y a todos los que habéis perdido algo de vuestro tiempo en leer mi artículo.
Cinder.


1 comentarios:
Cinder creo que no he perdido el tiempo con tu lectura, sigue escribiendo me gusta tu estilo!
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